Tuve la dicha de conocer a Manchita. Nunca había tenido perros, de niño solo un gato.

Manchita nos llegó de casualidad. Una amiga de mi hija se la encontró solita por la calle, y pese a que por varios días la puso visible al frente de su casa, nadie la reclamó. Pues mi hija se quedó con ella.

Al principio estaba poco en casa, se pasaba el tiempo con mi hija, bien en clases de ballet o en su apartamento. Mas adelante, mi hija se contrata en el extranjero, y nos deja cuidando a la Manchita.

¡ Qué linda y dulce perrita !. Al principio de mi hija recogerla temblaba por todo, tenía miedo, pero poco a poco fué comprendiendo que con nosotros tenía una famila segura e incapaz de castigarla y menos pegarle cuando alguna vez "se hacía" dentro de la casa. La primera vez que nos hizo "eso" se escondió debajo de una cama, y cuando la saqué y con mucho cariño la deposité "en su cajita" nos miraba con una carita que nunca olvidaré.

Se ganó el cariño de vecinos y de cuanta persona visitaba la casa, incluso cuando ya con el tiempo al saberse "dueña de casa" pues ladraba para avisar que alguien estaba tras la puerta, enseguida les movía el mocho que tenía por rabito y se hacía acariciar por el visitante.

Una cruel enfermedad nos la llevó, pese a todos nuestros esfuerzos, de amigos, de veterinarios, y de tratamientos. Mi esposa está desolada. ¡ Tanto se nos integró la Manchita !. A cada paso la recuerdo, cierro los ojos y la veo, con su carita tan linda y agradecida. La casa por momentos parece vacía. Nunca afectó a nada ni a nadie. Fué un primor de perrita.

Ahora comprendo a aquellos que también lloran a los mal llamados "animales de compañía" porque mas bien son y serán parte de cada familia que ha tenido la suerte de tener a una "Manchita".

Do quiera que estés, Manchita, también estás en todos nuestros corazones.

Muchas gracias por vivir y muchas gracias por haberte conocido.

Octavio Báez Hidalgo.

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